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viernes, 15 de noviembre de 2013

Publicado por Yerko | Categoria :
Mevlana Yalal al-Din Muhammad nació el 30 de septiembre de 1207 en la ciudad de Balj, en lo que es hoy en día el moderno estado de Afganistán. Existen diferentes opiniones en relación a su fecha de nacimiento. Mientras Aflaki (fallecido en 1360), el autor de Manaqib al-Arifin aboga por la fecha antes citada, Rumi en su libro Fihi Ma Fih escribe: "Nos hallabamos en Samarcanda. Jawarzmshah ha sitiado la ciudad, ha desplegado sus fuerzas alrededor de la ciudad y está luchando. En las cercanías había una muchacha extraordinariamente guapa. Era tan bella que no había una chica dotada de su hermosura en la ciudad. La oí rezar: “¡Oh Dios mío! No me dejes en manos de estos tira-nos”".(1) Estos pequeños detalles sugieren que la fecha de Aflaki es incorrecta ya que Jawarzmshah sitió Samarcanda en 1207, la fecha que cita como el año de nacimiento de Rumi. Para que Rumi recordase los alrededores y la belleza de la chica, debía haber cumplido al menos los cinco o seis años de edad. Probablemente por esta razón, el historiador Will Durant cita la fecha de nacimiento de Rumi como 1201, mientras que Maurice Barres la fija en 1203. La ciudad de Balj, en aquellos días era un centro de estudio muy conocido, antes de ser conquistada por los destacamentos mongoles. Célebre por sus mezquitas, madrazas y palacios, era una de las capitales en la Ruta de la Seda, con un excelente desarrollo económico y siempre repleta de comerciantes y de mercaderes.

Títulos

Su nombre es Muhammad y su título es "Yalal al-Din". Todos los historiadores le conocen por este título. Además del calificativo Yalal al-Din, se le nombra también como "Hudavendigar". En algunos comentarios del Mesnevi, se le hace referencia como "Mevlana Hudavendigar". El término "Hudavendigar" se emplea frecuentemente en el Manaqib, el libro de Faridun bin Ahmad Sipahsalar, quien sirvió a Rumi y a su padre durante casi medio siglo. Esta obra fue traducida a la lengua turca por mi profesor y maestro, que Allah le bendiga(2), Midhat Bahari, así como también por parte de Ahmed Avni Konuk y Tahsin Yazici. En lo que respecta a las expresiones "Mevlevi" y "Mevlana", hoy en día con "Mevlevi", en general, hacemos referencia a individuos que han ofrecido sus corazones a Mevlana. Sin embargo, anteriormente entre los sufíes, este título era reservado a los enamorados de Allah, a hombres y mujeres de verdad, cuyos corazones estaban despiertos. Por lo tanto, ha habido gente que recordó a nuestro "Mevlana", Rumi, con el nombre de Mevlevi. Entre ellos, el gran poeta sufí Qasim-i Envar de Tabriz (fallecido en 1432) recuerda a Rumi como Mevlevi en su pareado: "¡Oh Qasim, si deseas buscar y encontrar el espíritu de los significados, lee el Mesnevi de Mevlevi que es la fuente de los significados!". A Rumi también se le nombra como "Mevlana Yalal al-Din" precediendo su nombre con el título de Mevlana, o "nuestro maestro" y en ocasiones tan sólo Mevlana, el título más común para referirse a los santos en el Islam.

Ya que Rumi pasó la mayor parte de su vida en la Anatolia, en aquel tiempo antiguos territorios de los romanos (como se denominaban a sí mismos los bizantinos, continuadores en oriente del Imperio Romano), también se le conocía como Mevlana Rumi, "Mevlana Yalal al-Din Rumi" o sólo "Rumi". El apellido de Rumi en poesía es "Shams-i Tabrizi". También emplea la palabra "jamoosh" o "jaamoos" (silencio), aunque en contadas ocasiones.

Linaje

La ascendencia de Rumi se remonta a Abu Bakr, el primer califa del Islam. Sultán Valad escribe lo siguiente en su Ibtidaname acerca de su abuelo Baha al-Din Valad: "Su título era “Baha al-Din Valad”. Sus devotos eran innumerables. Sus antecesores se remontan a Abu Bakr. Por lo tanto, obtuvo el nivel espiritual más elevado, tal como lo hizo Hadrat Siddiq Abu Bakr". Aflaki está de acuerdo con esta perspectiva. Determinó la sucesión en el linaje de Baha al-Din Valad del modo siguiente, comenzando en orden cronológico decreciente: Baha al-Din Valad — Huseyin Jatibi — Ahmed Jatibi — Mahmud — Mavdud — Husayyib — Mutahhar — Hammad — Abdurrahman — Abu Bakr.

Sus progenitores

El padre de Rumi se llamaba Muhammad, hijo de Huseyin Jatibi. Se le conoce como Baha al-Din Valad. Se le dio el título de "Sultán al-Ulama", —rey de los eruditos—. Hay otro relato que cuenta que el Profeta concedió a Baha al-Din Valad el título de Sultán al-Ulama. Una noche el padre de Rumi tuvo un sueño: El Profeta estaba sentado, hablando con sus Compañeros más cercanos en una tienda majestuosa en un campo de batalla, cuando de repente el padre de Rumi, Baha al-Din Valad, entró en la tienda y se acercó con respeto al Profeta. El Profeta lo saludó y le mostró a su derecha un sitio para sentarse. Después, dirigiéndose a los presentes, señaló: "A nuestros ojos Baha al-Din Valad es una persona inestimable. De ahora en adelante, nombradlo con el título de “Sultán al-Ulama”". Al día siguiente trescientos estudiosos que habían tenido el mismo sueño se dirigieron a la escuela de Baha al-Din Valad. Querían revelarle su sueño. Pero antes de que pudieran empezar a contarlo, Baha al-Din Valad se lo había narrado a ellos. Se mostraron completamente asombrados. Así, con motivo del amor que le profesaba al Profeta, al padre de Rumi se le conocería como el "Rey de los Eruditos" hasta el Día del Juicio Final.

De hecho, Baha al-Din Valad no estaba considerado tan sólo como el "Rey de los Eruditos", sino que era a su vez el rey de todas las virtudes. Fue un modelo perfecto a imitar y un ser humano sin faltas. Además de su amplitud de conocimientos poseía la moralidad y las virtudes características del profeta Muhammad. Solía hacer el bien a to-do el mundo y se abstenía del mal. Compartía sus conocimientos con aquellos que se encontraban a su alrededor, los avisaba para protegerlos de la incredulidad y de extraviarse. Era un orador elocuente y aquellos que le escuchaban quedaban extáticos, inundados con amor y fe.

No era un erudito cobarde. Incluso señaló los errores cometidos por los sultanes. Así como Shaij Sadi le gritó a la cara a Hulagu "¡Eres un tirano!" cuando devastó Bagdad, Sultán al-Ulama le expresó en público y sin tapujos a Jawarzmshah que la senda en la que se hallaba no era la de Muhammad. No era un erudito que se guardaba sus opiniones por miedo, y nunca elogió a los sultanes ni se comportó hipócritamente por interés material. Advirtió asimismo tanto a eruditos como a sultanes, los cuales se hallaban bajo una influencia excesiva de la filosofía clásica griega y por lo tanto, los fieles piadosos le valoraban sobremanera. La población de la ciudad de Balj, que era un centro de estudio y de la gnosis en aquella época, le mostró mucho amor y respeto, lo que atemorizó al sultán Jawarzmshah. La mayoría de los académicos que no podían apreciarle y no reconocían su fe en realidad le envidiaban. Pero no dudaba en expresar sus opiniones libremente. De acuerdo con Aflaki, Husayin, el padre de Sultán al-Ulama, e hijo a su vez de Ahmed Hatibi, era uno de los eruditos más conocidos y uno de los más virtuosos hombres de su tiempo. Enseñó a Razi al-Din Nishaburi, un prominente académico jurídico del S.XII. La madre de Muhammad Baha al-Din era un miembro de la dinastía Jawarzm.

La emigración de Baha al-Din Valad desde Balj

Sultán al-Ulama emigró desde Balj debido a algunas diferencias de opinión y creencia. La relación de Jawarzmshah con los miembros de la orden Kubrawiyya no era buena y Baha al-Din estaba al servicio de Najm al-Din Kubra (fallecido en 1221). En sus sermones, públicamente proclamó que los estudiosos que se habían dejado llevar por la filosofía y la razón sobrevalorada no estaban siguiendo el camino del Profeta. De este modo, los eruditos que no estaban de acuerdo con él hicieron que el sultán se volviese en su contra. Mientras tanto, Majd al-Din Bagdadi, un emisario de Najm al-Din Kubra fue arrojado al río Ceyhun por orden de Jawarzmshah y se ahogó. Por una parte, Sultán al-Ulama era envidiado pero por otra parte, se hallaba bajo una gran presión psicológica. En realidad, Sultán Valad escribió que su abuelo había emigrado porque la población de Balj le ofendió, rompiéndole el corazón. Por otra parte, Sepahsalar y Aflaki escribieron que el gran erudito de la época, Fahr al-Din Razi (fallecido en 1210) había provocado la emigración de Sultán al-Ulama. Pero ya que Fahr al-Din Razi había fallecido unos pocos años antes de la partida de Baha al-Din Valad de Balj, queda claro que Fahr al-Din Razi no provocó personalmente la partida de Sultán al-Ulama de Balj. Sin embargo, aunque había fallecido, Jawarzmshah y otros eruditos habían adoptado las opiniones y los puntos de vista filosóficos de Fahr al-Din Razi y se encogían amedrentados en presencia de este gran erudito que sin miedo criticaba los puntos de vista filosóficos de Razi. Por lo tanto, no fue sino en esta situación que Sultán al-Ulama decidió emigrar para no causar ninguna instigación. No se sabe con exactitud, sin embargo, en qué momento Baha al-Din Valad abandonó Balj.

Baha al-Din Valad partió junto a sus discípulos más cercanos, sus emisarios y su familia, incluyendo a su mujer Mumine Hatun, la hija del sultán de Balj, su hijo mayor Ala al-Din Muhammad y su hijo me-nor Yalal al-Din Muhammad. Algunos de sus parientes se quedaron en Balj. Sipehsalar escribió que después de abandonar Balj, viajaron de una ciudad a otra, fueron a La Meca con motivo del hayy, la peregrinación, deteniéndose posteriormente en Bagdad, continuando en dirección hacia la Anatolia y tras pasar el invierno en Akþehir cerca de Erzincan, llegaron a Konya bajo la invitación del sultán selyúcida Ala al-Din Kay Qubad.

¿Cuántos años tenía Rumi cuando inició la emigración? Esto no se sabe con certeza. Aunque la fecha de nacimiento de Rumi es generalmente 1207, basándose en sus estamentos en Fihi Ma Fih, se puede aseverar que este año no es su fecha de nacimiento y que la fecha verdadera debe encontrarse alrededor de 1200. Se puede considerar que la fecha de partida de Sultán al-Ulama para el peregrinaje es, a su vez, aproximadamente en 1221 y que cuando empezó la emigración Rumi tenía 21 años. Sin embargo, Sultán Valad indica en su Ibtidaname que Rumi tenía 14 años.

El encuentro de Baha al-Din con Attar

La primera parada importante de la caravana migratoria fue la ciudad de Nishapur, otro centro gnóstico importante de la época. Por otra parte, Farid al-Din Attar (fallecido en 1220), un discípulo de Shaij Kubrawi tal y como lo fue Sultán al-Ulama, vivía allí. Ambos se encontraban entre los prominentes representantes de Najm al-Din Kubra (fallecido en 1221), el fundador de la orden Kubrawiyya o Zahabiyya que murió mártir junto con sus discípulos mientras luchaban contra los mongoles. Cuando Attar escuchó informaciones de la llegada de Sultán al-Ulama a Nishapur fue a visitarlo. Los dos santos alcanzaron el secreto del versículo del Corán: "Ha dado libertad a las dos grandes masas de agua, para que puedan mezclarse y fluir".(3) Se ha dicho que durante este encuentro Farid al-Din Attar, presintiendo la grandeza espiritualidad del joven Rumi, le dijo a su padre: "Se espera que este hijo tuyo inflamará pronto los corazones que arden con Amor Divino". Y fue un placer para Attar regalar a Rumi su libro Asrarname, el joven en verdad inflamaría los corazones que se consumían con amor y se acostumbraría a los secretos Divinos. A Rumi le agradó sobremanera la obra Asrarname y siempre la guardó consigo. A medida que los años pasaron y cuando se encontraba dictando su Mesnevi no sólo introdujo historias del Asrarname sino que también expresó en cada ocasión su amor por Attar. En su Diván-i Kabir Rumi escribe: "Attar era el espíritu. Y Sanai era sus dos ojos. Vinimos al reino de la verdad tras Attar y Sinai. Los seguimos".

Baha Al-Din en Bagdad
La segunda parada en importancia del periplo de Sultán al-Ulama fue en Bagdad, la capital del estado abasí. Tal y como narra Yami, cuando la caravana de Baha al-Din Valad llegó a Bagdad, la gente preguntó: "¿Quién es esta gente? ¿De dónde vienen? ¿Adónde se dirigen?" Sultán al-Ulama contestó: "Venimos de Dios y nos dirigimos de nuevo hacia Él. No tenemos fuerza a menos que Él nos la proporcione". Cuando le comentaron esta respuesta a Shaij Shihab al-Din Suhrawardi (fallecido en 1235), el autor de Awarif al-Maarif, señaló: "Nadie a excepción de Baha al-Din Valad de Balj podría haber dicho esto". Inmediatamente fue a verle. Cuando le vio llegar con su caravana, se bajó de su caballo en señal de respeto, se acercó a la caravana y besó la rodilla de Baha al-Din Valad. Les pidió que se alojasen en sus cenobios para derviches y le honrasen con ello. Pero Sultán al-Ulama se quedó en una madraza, diciendo: "Es más apropiado para los eruditos quedarse en una madraza". Suhrawardi no dejó solo a su honorable invitado, estuvo con él y atendió en todo momento sus necesidades.

El califa de Bagdad quiso efectuar un donativo en la persona de este gran santo y le envió tres mil dinares egipcios de oro. Baha al-Din no aceptó este regalo afirmando: "Es ilícito y discutible". El califa quiso personalmente darle la bienvenida y tenerle como invitado en su palacio. El padre de Rumi negó este deseo del califa porque había oído que el gobernante continuamente bebía y se dedicaba a actividades ilícitas, sin ninguna consideración por el significado espiritual y el valor de su importante posición. No era apropiado para un sufí alojarse en el palacio de tal persona y aceptar el oro que le había enviado.

El sermón que ofreció en la mezquita más grande de Bagdad fue magnífico. Innumerables creyentes, entre los que se hallaba el propio califa, llenaron la mezquita. Estaba tan llena que era imposible encontrar un sitio para sentarse. Todo el mundo estaba de pie, escuchando a este gran santo. La congregación al completo estaba entusiasmada y muchos de ellos derramaron muchas lágrimas. Este esplendoroso y devoto santo que emigró de Balj y que iba a visitar a nuestro Profeta en el Hijaz con su familia y discípulos hablaba perfectamente árabe y fascinaba a todo el mundo, incluyendo al califa. Este santo que practicaba lo que creía y voluntariamente emigró y sobrellevó el dolor de la separación de su ciudad natal, conquistó con su conducta y palabras los corazones de todos los habitantes de Bagdad. Antes de visitar la Kaba, visitó la "Kaba de los corazones" de innumerables creyentes, les había hablado desde el corazón, les había permitido darse cuenta de las calamidades a las que se enfrentaba el Islam y les había avisado. Mencionó que la bonita ciudad de Balj había sido destruida por los mongoles y el gobernador de Jawarzmshah, el Sultán Tekish, derrocado. El califa así como los creyentes que lo escuchaban se convirtieron en sus admiradores. Le pidieron que se estableciese en Bagdad pero no estuvo más de tres días y continúo su peregrinación. Tras efectuar los rituales de la peregrinación, Sultán al-Ulama tocó con su rostro el santo sepulcro del Profeta en Medina, la luminosa ciudad del Mensajero de Dios. El padre, junto con sus hijos y sirvientes, derramaron lágrimas de amor en la tumba (Rawda al-Mutahhara —"El Jardín Puro"—) de Muhammad Mustafa que había sido enviado como misericordia para todos los mundos. Después emprendieron su camino y tras pasar por numerosos lugares llegaron a Jerusalén. Allí visitaron Masyid al-Aqsa, la prime-ra alquibla del Islam. Más tarde llegaron a Damasco. Al escuchar que un gran santo estaba a punto de entrar en la ciudad, la población de Damasco se agrupó a las fueras de la ciudad para dar la bienvenida a Baha al-Din Vadad. Tras encontrarse con célebres estudiosos en Damasco continuaron su camino a la Anatolia. Al dejar atrás la ciudad de Damasco, la caravana fue a Alepo. Estuvieron allí unos días antes de continuar su camino. Pronto ingresaron en el territorio que en aquellos días era denominado "La Tierra de los Romanos". La caravana prosiguió sin permanecer más de unos pocos días en cada lugar. Al llegar a Malatya se dirigieron a Erzincan. En aquellos días Erzincan era la capital de la Dinastía Mangujak. Cuando el Sultán Mangujak Fahr al-Din Bahramshah (fallecido en 1218) y su mujer Ismati Hatun supieron que Sultán al-Ulama iba a venir a su ciudad viajaron a Akþehir, cerca de Erzincan, para darle la bienvenida a él y a su caravana. El sultán deseó llevárselos consigo a su palacio y hospedarlos allí, pero Baha al-Din Valad se alojó en la madraza tal y como había hecho en todos los anteriores sitios. Permaneció allí durante algún tiempo. El sultán Fahr al-Din Bahramshah apreciaba el conocimiento y a los eruditos, y por lo tanto apoyó a eruditos y poetas valorando sus obras, y como incentivo donaba dinero para los libros que le eran dedicados. En realidad, Nizami, el famoso poeta de Ganja, dedicó su libro Mahzán-e Asrar al Shah de Mangujak y el Shah le otorgó cien mil monedas de oro y cinco valiosos caballos. Tal generosa dinastía que tenía en alta estima a los eruditos quiso conceder su estilo de vida al santo de Balj. Pero, como en todos los demás sitios, no quiso vivir aquí bajo los favores de los demás. Después de estar en Erzincan por un tiempo, llegó a Larende o Karaman como es conocida hoy en día, viajando a través de Sivas, Kayseri y Niðde.

Baha Al-Din en Larende


Incluso en una época como esta en la que no existía un equipo de telecomunicaciones como los empleados en la telefonía y telegramas, la llegada a las ciudades de grandes santos y estimados eruditos se sabía por adelantado y la población se congregaba en las afueras de la ciudad para darles la bienvenida con amor y enorme ilusión, una expresión del valor atribuido a la gnosis y al conocimiento en aquel tiempo. Estas alegres noticias se extendían de boca en boca pareciera que las noticias alcanzaban su destino mediante la intervención del viento y los pájaros. En aquellos tiempos no existía el teléfono pero sí había respeto, sentimientos y amor en los corazones de los creyentes que ama-ban el conocimiento, a la humanidad y a Dios. Como en otras ciudades, en Larende la llegada de Baha al-Din Valad se conocía con unos días en adelanto. El sultán de Larende, Emir Musa Bey, un enamorado de Dios y un hombre de virtud, junto con otros funcionarios de alto rango de la ciudad salió a pie fuera de la misma. Dieron la bienvenida al "Rey de los Eruditos" con respeto y entusiasmo. El sultán con insistencia le invitó a su palacio. Pero como en otros lugares, rechazó educadamente el ofrecimiento del Emir Musa. "Necesitamos quedarnos en una madraza, no en un palacio". Pidió que se le asignara un lugar, pues, en dicha escuela religiosa islámica. Su petición fue aceptada y se le hospedó en una madraza. Sin embargo, Emir Musa inmediatamente ordenó que se construyera un nuevo centro de enseñanza de las ciencias islámicas o madraza para este gran santo. En un sitio apropiado edificó una bonita madraza y Sultán al-Ulama se estableció al poco tiempo en las instalaciones de dicho centro del saber con su familia y discípulos. Allí empezó a enseñar y proporcionar consejos. El sultán de los eruditos era feliz en Larende. Emir Musa y los ciudadanos del lugar apreciaban mucho a este gran santo. Sus discursos eran una fuente de abundante beneficio espiritual y fe. Mientras tanto, Mevlana Yalal al-Din Rumi, era todavía joven pero asimismo un derviche con grandes conocimientos, atendía las clases de su padre y nunca se perdió ninguno de sus sermones. También destinaba su tiempo a leer las obras de otros estudiosos y aumentando su conocimiento sobre el Islam.

Los esponsales de Rumi

Sharif al-Din Lala de Samarcanda, quien había emigrado desde Balj con Sultán al-Ulama y era uno de sus discípulos favoritos tenía una hija de gran belleza que se llamaba Gevher Hatun.(4) Además de poseer una hermosura única, esta joven tenía un carácter y una moral como ninguna otra persona. Dios había combinado la belleza física y espiritual en la persona de Gevher Hatun. Baha al-Din Valad consideró ca-sar a esta bella muchacha con su hijo menor Yalal al-Din Muhammad. ¿Existía alguna razón oculta para querer encontrar una esposa para su hijo menor antes que para su hijo mayor Ala al-Din Muhammad? Por supuesto, había una razón. Hasta los siete años Gevher Hatun había sido una estudiante de Sultán al-Ulama. El carácter de su hijo menor y esta bella estudiante eran muy parecidos, y así pues pensó que este matrimonio sería apropiado. Cuando reveló sus deseos al padre de la chica, Sharif al-Din Lala se alegró sobremanera e indicó: "Este matrimonio nos aportará honor y felicidad en abundancia". Y de este modo los dos padres acordaron el matrimonio.

En la primavera del año 1225, estas dos bellas e incomparables personas se casaron en una modestísima y simple ceremonia de matrimonio. Al poco tiempo transcurrido tras estos esponsales Mumine Hatun, la esposa de Sultán al-Ulama, dotada de nobleza en sangre y espíritu así como fiel y devota haciendo honor a su nombre, murió. Desde que habían llegado a Karaman desde Balj, Mumine Hatun había soportado las penas a causa de la separación de su ciudad natal y había sido una fuente de consolación para su amado esposo en aquellos turbulentos días. En su sensible corazón, había mantenido viva la pena y la añoranza por su amada, devastada, incendiada y arruinada ciudad natal Balj y por los parientes que habían dejado allí. La felicidad que sintió por la magnífica bienvenida que recibió Sultán al-Ulama en las grandes ciudades, la riqueza espiritual y la alegría de su visita a La Meca y Medina la habían convertido en una Mumine Hatun(5) , que era asimismo su nombre en vida.

La muerte de Mumine Hatun fue seguida por la de Ala al-Din Muhammad, el hermano de Mevlana Yalal al-Din Muhammad. Perder a su fiel y leal mujer y después a su querido hijo causó en Baha al-Din una pena indescriptible. No mucho tiempo después la suegra de Mevlana Yalal al-Din Muhammad, esposa de Sharif al-Din Lala de Samarcanda falleció. Fue enterrada en Karaman al lado de Mader Sultán ("la reina madre") y de la madre de Rumi y su hermano. Así pues, Rumi, quien había perdido ya a su querida madre y a su estimado hermano, a su vez, perdió también a la madre de su mujer. Después de que a tres de sus seres queridos les fuese dada sepultura en la tierra de Karaman, Dios le concedió dos preciosos niños. Sultán al-Ulama y Mevlana Yalal al-Din, ambos por igual, estaban muy contentos por este favor y bendición de Dios. Rumi nombró a su primer hijo como su padre Sultán Valad y puso por nombre Ala al-Din Çelebi a su segundo hijo, el nombre de su difunto hermano. Estos dos niños les consolaron y les hicieron olvidar sus penas. Sultán al-Ulama permaneció en Karaman aproximadamente siete años. Educó a muchos estudiantes. Guió a un gran número de personas al camino de la Verdad. El número de sus discípulos se incrementaba constantemente y sus sermones y esfuerzos morales se extienden.

El gobernador selyúcida en el poder durante este período era el sultán Ala al-Din Kay Qubad. En una época en la que el Imperio Selyúcida en Anatolia se hallaba al borde del derrumbamiento, este sultán de gran valía desempeñó un liderazgo extraordinario con sus grandes habilidades, virtudes y enorme coraje, y permitió que el estado experimentase un período brillante en la historia. Aunque de manera temporal, consiguió éxitos militares y desempeñó una gran labor en pos del conocimiento y la gnosis invitando a académicos y a una gran variedad de importantes personalidades a Konya. Fue también un sultán sabio, amante de las artes poéticas y no pudo aceptar que una gran personalidad como Sultán al-Ulama se instalase en Karaman, lejos de él. Envió un mensaje a Emir Musa, a quien quería y admiraba muchísimo, en el que decía que estaba un poco ofendido porque el Emir Musa había bloqueado el camino del gran santo de Balj y le había retenido en Karaman. Cuando el Emir Musa informó a Baha al-Din Valad de la ofensa del sultán, Baha al-Din Valad le aconsejó que fuese inmediatamente a Konya y que le explicase todo al sultán.

El Emir Musa, que se encontraba al servicio del sultán y al que el sultán apreciaba muchísimo, se marchó con celeridad hacia Konya. Inmediatamente fue al palacio y explicó que Sultán al-Ulama se había instalado en Larende de acuerdo siempre a sus propios deseos. El sultán, hombre de buen corazón, le escuchó con cuidado, y tranquilizándole le dijo que no le había molestado. Después invitó al "Rey de los Eruditos" a Konya diciendo: "Si Sultán al-Ulama se aventurara a honrar nuestra Konya, esto me haría muy feliz. Seré su siervo y discípulo y caminaré en el Camino de la Verdad que está enseñando. La ciudad de Konya esta esperándole con todos sus sultanes y emires". Con esta intención, dieron regalos a Emir Musa y se dirigió a Larende.

Familia e hijos

Rumi se había casado con la hija de Jodya Sharif al-Din Samarqandi, Gevher Hatun (fallecida en 1229) mientras se hallaban en Karaman antes de que viniese a Konya con su padre. El hijo mayor de Rumi Sultán Valad y su segundo hijo Ala al-Din nacieron de este matrimonio. Después de que Gevher Hatun falleciera, Rumi se casó con una viuda, Karra Hatun (fallecida en 1292). Karra Hatun, cuyo nombre podría hacernos presumir que poseía un linaje bizantino aunque en realidad tenía ascendencia turca, era madre de un hijo, Shams al-Din Yahya, en el momento de contraer matrimonio con Rumi. Su primer marido se llamaba Muhammad Shah. Rumi tuvo un hijo y una hija con Karra Hatun, el hijo se llamaba Amir Muzaffar al-Din Alim Çelebi y su hija Malika Hatun. Por lo tanto, Rumi tuvo tres hijos y una hija, aunque su segundo hijo, Ala al-Din Çelebi, falleció en 1262 y fue enterrado a la derecha de la tumba de su abuelo Sultán al-Ulama. Desconocemos con certeza si Ala al-Din tuvo hijos. Aunque Aflaki narra por escrito que Ala al-Din Çelebi si los tuvo, como no se encuentra esta información en otras obras de referencia, la descendencia de Rumi por parte de Çelebi proviene de sus otros hijos.

El hijo menor de Rumi con Karra Hatun, Muzaffar al-Din Alim Çelebi (fallecido en 1277), estuvo empleado en el palacio selyúcida y escaló posiciones hasta alcanzar el puesto de tesorero. Fue enterrado enfrente de la bendita tumba de Rumi. La hija de Rumi, Malika Hatun, se casó con un comerciante llamado Shihah al-Din, originario de Konya. Malika Hatun fue sepultada junto a la tumba de su hermano, Amir Alim Çelebi.

Su morada en Konya

El "Rey de los Eruditos" aceptó la invitación del gobernador selyúcida Ala al-Din Kay Qubad. Pidió a su familia y amigos que empezasen inmediatamente los preparativos para el viaje. Iba a abandonar Karaman, lugar donde había vivido durante siete años. En la primavera de 1229, partieron en un viaje hacia Konya acompañados de las lágrimas de los habitantes de Karaman. Baha al-Din Valad había aceptado la invitación del sultán para poder ser aún más beneficioso a la gente. Si no hubiese sido por esta invitación, no habría abandonado nun-ca Karaman, donde sus seres queridos se hallaban enterrados. Sabía muy bien cuanto le querían los habitantes de Karaman. Las lágrimas por su separación no se derramaron en vano. Vio como las lecciones y discursos que había ofrecido y el conocimiento que había transmitido habían producido un gran cambio en la población de Karaman. Ahora se dirigía a una ciudad más grande, a la capital de un gran sultán que amaba y respetaba a los estudiosos. Konya iba a ser su último destino. Un santo dotado de una fuerza vital inconmensurable, el "Rey de los Eruditos", iba a venir a Konya, el punto de encuentro de los santos de Turkistán, Irán, y otras tierras islámicas. Rumi, maduro de espíritu, se encontraba de nuevo al lado de su querido padre, su mayor guía y maestro. Había enterrado a su madre y a su hermano en Karaman. Pero ahora tenía con él a su fiel esposa, a sus dos hijos y a su padre, la familia que lo era todo para él.

La pequeña caravana prosiguió lentamente su viaje hacia Konya. La población de Konya se hallaba preparándose para dar la bienvenida no sólo a Sultan al-Ulama, el "Rey de los Eruditos", sino también al rey de los gnósticos (Sultán al-Arifin) y al rey de los santos (Sultán al-Awliya). Esta pequeña caravana espiritual de entre cinco a diez personas que había dejado Balj hacía años y que había viajado a ciudades como Nishapur y Bagdad, esta caravana que no se había establecido en ciudades como Alepo, Damasco, o incluso Bagdad, la "fortaleza de los santos", se establecería e instalaría finalmente en Konya. La población de Konya había oído de este gran santo que iba a honrar su ciudad y por lo tanto estaban agrupados con gran alegría y entusiasmo. Dirigidos por el sultán Ala al-Din Kay Qubad, todos los notables de Konya, los individuos de más alto rango del estado, funcionarios religiosos, académicos, sheijs y toda la población de Konya fueron a dar la bienvenida al "Rey de los Eruditos".

Un bonito día de primavera en la parte externa de las murallas de la ciudad de Konya, en el camino que venía desde Karaman, se iban a encontrar dos grandes sultanes. Uno era el más grande sultán de su época, Ala al-Din Kay Qubad que hizo resurgir el gran estado selyúcida de Anatolia cuando éste parecía destinado a derrumbarse. El otro era el sultán de los eruditos y de los gnósticos, Baha al-Din Valad, que luchaba contra la ignorancia y los nuevos valores anti-islámicos, y era un ejemplo de humanidad, virtud y fe que soportaba voluntariamente la separación de su ciudad natal en beneficio de sus ideas y su fe. Ala al-Din Kay Qubad se hallaba hastiado de batallas sin fin y comprendió que no tenía significado ser un sultán en este mundo sin recompensa. Decidió que se inclinaría ante el sultán de los espíritus con la esperanza de convertirse en su derviche o discípulo. Es por esta razón que el gran sultán Ala al-Din Kay Qubad, de noble espíritu se encontraba más entusiasmado que nadie cuando esperaba al gran santo.

La modesta caravana se podía apreciar en el horizonte. Sultán al-Ulama con su barba blanca y su rostro luminoso apareció montado en su caballo al frente de la caravana. Rumi seguía a su honorable padre. Se podía ver también a sus derviches, discípulos y familia y detrás de ellos unos cuantos camellos cargando bultos llenos de libros. Cuando la caravana se aproximó, el sultán, que se hallaba esperando en su caballo desmontó inmediatamente. Corrió y tomó las riendas del caballo de Sultán al-Ulama y le ayudó a desmontar. Los dos sultanes se saludaron con respeto y Sultán al-Ulama fue ayudado, para volver a montar en su cabalgadura. Sin embargo, el gobernador selyúcida, el gran sultán Ala al-Din Kay Qubad no montó su caballo. En lugar de esto caminó al lado del gran santo, en ocasiones tirando de las riendas de la cabalgadura, a veces sujetando su silla de montar, siempre al lado de Baha al-Din Valad. El Sultán del Mundo se había convertido en el siervo del Sultán de los espíritus. Las personas que contemplaron esto permanecían asombradas. Se encontraban fascinadas por la modestia de su sultán y le quisieron y admiraron todavía más. Cuando entraron en la ciudad las calles se encontraban llenas de gente. Los asistentes miraban esta escena única desde sus ventanas y tejados. El sultán selyúcida quiso trasladar a su estimado invitado a la habitación del palacio que le había preparado. Le pidió que se quedase y viviese allí. Baha al-Din contestó: "¡Oh poderoso sultán! Comprendo tus intenciones. Pero las madrazas son para los imanes, las residencias de derviches para los sheijs, los palacios para los reyes, los caravasares para los mercaderes y las posadas para los pobres. Con su permiso, me gustaría quedarme en una madraza". El sultán aceptó su petición. Fueron hospedados en la mayor madraza de la ciudad, Altun Aba. Como era costumbre entre los sultanes, emires y hombres de elevada posición de aquel tiempo, el sultán Ala al-Din ofreció a su querido huésped muchos regalos. Aunque envió dinero, comida y muchas otras ofrendas, Baha al-Din Valad educadamente devolvió todos estos regalos. Como en el resto de ciudades, en Konya no aceptó ningún regalo de nadie, ni siquiera por parte de los sultanes y señaló: "No tenemos aspiraciones por la riqueza de este mundo. Lo que nos dejaron nuestros abuelos como herencia es suficiente. El sultán no debe molestarse en enviarnos cosas que no nos merecemos".

Años más tarde el nieto de Sultán al-Ulama describiría en su libro Ibtidaname la llegada de su abuelo a Konya del modo siguiente: "Toda la población, hombres, mujeres, jóvenes, mayores, todos extremaron su amabilidad con él hasta cotas infinitas. Contemplaron sus karamat ("los poderes milagrosos de un santo"). Oyeron sus secretos. Progresaron espiritualmente gracias a su favor y abundancia. Continuamente hablaban de él y de su grandeza. Los días transcurrieron de este modo. Después to-dos los jóvenes, mayores, hombres y mujeres pasaron a ser sus discípulos. No mucho después Sultán Ala al-Din vino a mostrarle sus respetos junto a sus comandantes. Cuando el Sultán Ala al-Din contempló su luminoso rostro, se convirtió en su discípulo con amor y extrema sinceridad. Cuando escuchó sus discursos teológicos y sus lecciones se convirtió en su admirador, le reservó un lugar en su corazón y encontró en él muchos signos de Sultán al-Ulama".(6)

Baha al-Din Valad ocupó unas cuantas habitaciones en la madraza de Altun Aba y se estableció allí con sus hijos y nietos. Enseñó en la mezquita de Ala al-Din que todavía se puede contemplar hoy en día en Konya. Donde quiera que fuese una gran multitud de personas le seguía. Y el sultán frecuentemente venía con sus comandantes a escuchar sus discursos.

Baha al-Din Valad había decidido instalarse y quedarse en Konya como el más grande de los "santos de Jorasan" que había llegado a la "Tierra romana". Tras unos días, Sultán Ala al-Din Kay Qubad celebró una gran ceremonia en su palacio. Invitó junto a Baha al-Din Valad a los mejores estudiosos, sheijs, visires y comandantes de Konya. El gran sultán selyúcida dio la bienvenida a Baha al-Din Valad en la puerta del palacio. Le acompañó en persona a la gran sala donde iba a tener lugar la ceremonia. Todo el mundo en la habitación se levantó y saludó a los dos sultanes. El poderoso sultán, máximo mandatario de un gran imperio y el sultán del mundo espiritual se hallaban de pie, el uno junto al otro. Todas las miradas estuvieron dirigidas a ellos. El sultán Ala al-Din Kay Qubad se dirigió a Sultán al-Ulama, alzando su voz para que aquellos que se hallaban presentes pudieran oírle: "Oh sultán de la religión. He estado pensando y he llegado a una decisión. Desde hoy, dejaré para ti este trono que he heredado de mis abuelos. Desde ahora, tú serás el sultán y yo seré tu siervo. El sultanato del mundo físico que se ve y el otro mundo que no se aprecia son pues, para ti". Habiendo dicho esto, se levantó y le coronó con su corona. Al oír estas palabras, el sultán de los eruditos se levantó, abrazó al sultán, le besó en los ojos y dijo: "¡Oh sultán de carácter angélico y de gran dignidad. Has conseguido la riqueza de este mundo y la de la otra vida. Nadie duda esto. Siéntate en tu trono cómodamente. Hace mucho tiempo que has cerrado tus ojos a la riqueza de este mundo. Ahora estamos venerando a Dios e intentando seguir sus mandatos".

Las habitaciones de la madraza en Altun Aba no eran espaciosas ni para Rumi que estaba casado y tenía dos hijos ni para sus derviches y discípulos. Debido a su humildad, Sultán al-Ulama no podía hacer saber esta situación ni a Ala al-Din Kay Qubad ni a los otros, por lo que rezó con todo su corazón. Cierto día cuando estaba enseñando en la mezquita de Ala al-Din, acudieron el sultán, sus comandantes y todos los notables de Konya. Amir Badr al-Din Govhartash, el maestro constructor de palacio y tutor del sultán se encontraba allí también. Se había convertido en uno de los discípulos de Sultán al-Ulama. Se hallaba fascinado con sus discursos. Ese día, mientras escuchaba al gran santo, se quedó extático y sintió el deseo apremiante de estar a su servicio. ¿No era él el arquitecto del palacio? Decidió, pues, construir una madraza para la familia de Baha al-Din Valad y para Rumi y sus hijos. Poco tiempo después empezó la construcción de la madraza en la zona más bella de la ciudad, en los alrededores del palacio del sultán. Esta madraza, que cumplía las mismas funciones que una universidad moderna, se completó en unos meses. Sultán al-Ulama junto con su hijo Rumi y su familia se trasladó a esta nueva residencia. Residieron en esta madraza hasta el final de sus vidas.

Varias fuentes narran que el sultán selyúcida había dedicado a Baha al Din Valad el jardín de rosas del palacio, que se encontraba al este de la fortaleza de Konya. Cuentan que en cierta ocasión Sultán al-Ulama señalando esta pequeña montaña dijo: "Mi tumba y la tumba de mis nietos estará allí. De ahora en adelante ese lugar es el jardín del alma y el corazón, un lugar firme para los santos". En realidad, después de que falleciera Baha al-Din Valad se le enterró allí. La Türbe de Rumi, es decir, su sepulcro, también fue construida allí.


Sefik Can

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Notas:

1) Muhammad b. Muhammad b. Husayn Mevlana Yalal al-Din Rumi, Fihi Ma Fih, traducido or Meliha Ülker Ambarcýoðlu (Estambul: Milli Eðitim Basýmevi, 1969), pág. 265. Para más información sobre el tema se puede leer el libro de Franklin D. Lewis, "Rumi, Pasado y Presente, Oriente y Occidente" (Oxford, One World, 2001), pág. 317-324.
2) El término sugiere un respeto por los difuntos entre los mevlevies.
3) Véase "El Sagrado Corán", Sura ar-Rahman, 55:19
4) En idioma turco: Gevher Hatun
5) Mumine significa "creyente".
6) Baha al-Din Muhammad Sultan Valad, Ibtidaname, traducido por Abdulbaki Gölpýnarlý Konya: Konya Turizm Dernegi, 1976) pág. 242.

martes, 5 de noviembre de 2013

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VIDA

Este orquestador único de la música de los cielos y revelador de los misterios divinos en el lenguaje de los ángeles, Jalál al-Din Balkhi, nació en Balkh el 16 de Rabi alawwal 604 A.H., que corresponde al 30 de septiembre de 1207. Su nombre era Muliaminad, título Jalál al-Din, posteriormente ‘Xhudawandagar”, “señor”. En poesía utilizaba el seudónimo “khamush” (el silencioso) y a partir del siglo 9 / 15 pasó a ser conocido como Mawlawi, término derivado de su título anterior Mulla-yi rum “el cultivado maestro de Anatolia”. Sus discípulos, tales como Ahmad Afiaki, le llamaban “El mayor misterio del Dios” (sirr Allah al-a’zam) mientras que en persa hablado se refiere a él como Mawlana. En Occidente, donde su fama se ha ido extendiendo desde el siglo pasado se le suele conocer como Rumi, donde Rum se refiere al Asia menor, lugar donde pasó la mayor parte de su vida (1).

Jalal al-Din nació en Balkh, un centro mayor de la cultura persa, hijo de padres hablantes de Persa, y fue producto de aquella cultura islámica persa que entre los siglos VII y XIII dominó la totalidad de los países orientales del Islam y de la cual han sido herederos hasta la actualidad los Iraníes, así como los turcos, afganos, musulmanes del Asia central y los del subcontinente indopakistaní. Es precisamente en Este mundo donde el sol de su legado espiritual ha brillado con más intensidad durante los pasados ocho siglos.

El padre de Jalal al-Din Muhammad ibn Husayn Khatibi, conocido como Baha alDin walad y llamado Sultan al-ulama, fue un sufi excepcional de Balkh relacionado con el linaje espiritual de Najm al-Din kubra. Fue el auto de Ma’arif, una obra de arte del sufismo que dejó una marca indeleble en el Mathnawi de Rumi(2). Fue en el seno de esta familia devota al estudio e imbuida de espiritualidad Jalal al-Din nació y recibió su primera educación. Y en compañía de su padre Rumi abandonó su ciudad natal para siempre cuando contaba unos 12 ó 13 años.

No se sabe con exactitud por qué Baha al-Din Walad dejó las provincias orientales de Persia para dirigirse al oeste. Se han propuesto 2 razones: la invasión Mongol y causas políticas internas. Algunos historiadores postularon la tesis que Muhairimad Khwarazinshah, el poderoso soberano de Balkh y otras regiones del Khurasan de aquel entonces, se opuso al orden Kubrawiyyah a la cual Baha’al-Din Walad pertenecía y que le animó a tal oposición a los sufies el conocido teólogo Fakhr al -Din Razi, que se sabe se pronunció en contra de los Kubrawiyyah. Otros han dicho que fue la embestida mongol la que forzó a Baha’al-Din Walad a huir hacia el oeste. Aunque es difícil determinar cuál de estos dos es históricamente correcto, creemos que el peligro de la invasión Mongol fue la causa más probable, si consideramos que Baha’ al-Din era muy venerado en Balkh a la hora de su partida y que probablemente hubiera podido permanecer allí para siempre, si se le hubiera presionado más.

Sea lo que sea, fue obra de la providencia que Jalal al-Din se salvara de la inmensa destrucción que pronto asoló Balkh y otras ciudades del Khurasan. Baha al-Din Walad partió con toda su familia y un grupo de discípulos hacia el Oeste alrededor del año 617/1220-1. Se dice que en Nayshapur conoció al renombrado poeta y santo sufi persa Farid al-Din’Attar y le presentó a Jalal al-Din. En palabras de Dawlatshah, ‘Attar ‘fúe a visitar a Mawlana Baha al-Din. Por aquel entonces Mawlana Jalal al-Din era pequeño. Shayhk’ Attar presentó su Asrah-namah a Mawlana Jalal al-Din como un presente y le dijo a Mawlana Baha’ al-Din que “pronto este hijo tuyo tendrá a todos los aspirantes espirituales del mundo en ascuas” (3).

No hay duda de que tal encuentro tuvo lugar. Ciertamente hay una unión espiritual directa entre ‘Attar y Rumi, y más en particular entre Asrar-namah y Rumi hubo siempre afecto y varias de sus historias se utilizaron en el Matbnawi.

Desde Nayshapur, Baha’al-Din Walad y su séquito partieron hacia Baghdad donde se les tenía en gran estima y conocieron a muchos de los sabios y Sufies de la ciudad, y desde allí fueron a Hejaz y peregrinaron hasta la Mecca. Fue muy probablemente después de este viaje, y como resultado de la invitación de ‘Ala-al-Din Kayqubad, el soberano de Anatolia, que Baha’ al-Din llegó a Asia Menor y finalmente se estableció en Qonya, una ciudad relacionada con su familia hasta este día.

La familia de Baha’ al-Din fue recibida muy calurosamente en Qonya, testigo por aquel entonces de la llegada de muchos inmigrantes de las ciudades orientales de Persia, pues Anatolia representaba un raro refugio de paz y tranquilidad en el mundo islámico durante los turbulentos años de la invasión mongol.

Baha’ al-Din se ganó rápidamente la fama de sabio religioso y sufi y murió con honor cuando Jalal al-Din contaba 24 años de edad.

Aunque siempre fue muy cercano a su padre, éste le sirvió de maestro sobre todo en las ciencias exotéricas. De hecho, tras la muerte de su padre, Jalal al-Din lo sucedió como autoridad religiosa dando opiniones(fatwás) sobre cuestiones relacionadas con la Shari’ah. Durante todo un año se dedicó en cuerpo y alma a esta función hasta que conoció a Burhanal-Din Muhaqqiq Tirmidhi, un gran maestro sufi, discípulo a su vez de Baha’ al-Din Walad. Fue a través de Burhan al-Din que Rumi heredó el legado espiritual de su padre y se inició en los misterios del sufismo. Rumi practicó el sufismo como discípulo de Burhan al-Din durante nueve años, hasta la muerte de éste en 638/1240-1. Durante este período Rumi también continuó estudiando las ciencias religiosas formales en la escuela Halawiyyah de Aleppo hasta que se convirtió en un experto en materias tales como comentarios coránicos, ciencias de hadith, jurisprudencia, teología e incluso filosofía. Rumi fue uno de esos sabios con autoridad en las ciencias esotéricas y exotéricas y que dominaba todas las ciencias tradicionales antes de trascenderlas en ese conocimiento supremo que también significa unión y que borra todos los rastros de conocimiento que se derive de la separación de sujeto y objeto. Durante este período Rumi también viajó a Damasco y se dice que pasó unos cuatro años en esta ciudad, que conocía bien (4).

Siendo ya un maestro tanto en las ciencias tradicionales como en el sufismo, Rumi estableció un círculo a su alrededor en Qonya, y desde el año 638/1240-1 hasta 642/1244-2 trabajó enseñando las ciencias religiosas. Se dice que era un maestro popular y que a sus clases formales asistían unos 400 estudiantes. Con gran probabilidad fue también por aquel entonces que enseñó las ciencias esotéricas a un más pequeño círculo de adeptos, pues era ya un sufi experto.

En 642/1244-2 la vida de Rumi sufrió una transformación a causa de sus encuentro con una figura misteriosa y poderosa, Shams al-Din Tabrizi, que había llegado a Qonya ese año tras pasar algún tiempo en Baglidad, donde también conoció a Awhad al-Din Kirmani, otro de los excepcionales poetas persas sufis de esa memorable era de santos y sabios. La vida de Shams está envuelta de misterio. No hay dudas respecto a su existencia, aunque aparece en los escritos de Rumi como persona y función espiritual a la vez (5). Este hombre, sufi a su vez, que fue el autor del poderoso maqá1át (6) y un qalandar salvaje que escapaba de las convenciones sociales, apareció como un meteorito fugaz en los cielos y desapareció con la misma velocidad con que había iluminado el cielo de la vida de Rumi.

Incluso su muerte sigue siendo un misterio y tiene varias tumbas, destinos de peregrinaje hasta nuestros días.

Shams al-Din Tabrizi no fue tan sólo un maestro sufi para Rumi. Jalal al-Din ya había practicado el sufismo muchos años antes de conocer a Shams al-Din. Más bien parece que Shams al-Din fue una influencia espiritual enviada “divinamente” que, en cierto modo, exteriorizó los estados contemplativos interiores de Rumi en forma de poesía y puso el océano de su ser en movimiento, cosa que resultó en vastas olas que transformaron la historia de la literatura persa. Podríamos decir que Rumi era del tipo de sufis que necesitaban camaradería espiritual para poder expresarse con palabras. La compañía de Shams al-Din fue tan intensa que transformó a un profesor sobrio en un poeta extático y expuso a la realidad la creatividad poética del interior de Rumi. El primer poema que Rumi escribió forma parte de una carta dirigida a Shams. Es más, desde su encuentro hasta la muerte de Rumi, éste ya no cesó de escribir poesía. Se estableció una unión tan profunda entre ambos que su efecto en Rumi sobrevivió a la desaparición de Shams. La espiritual amistad entre estas dos destacadas figuras es rara en la historia de sufismo y se ha convertido en proverbial en oriente.

Acosado por algunos de los discípulos de Rumi, celosos que su maestro pasara todo su tiempo con Shams, éste abandonó Qonya en 643/1242-3. Rumi estaba tan afligido que le mandó muchas cartas y mensajes con sus primeros poemas en persa y árabe y, finalmente, tras descubrir que estaba en Damasco, mandó a su propio hijo Sultan Walad a por él. Shams finalmente aceptó regresar a Qonya, cosa que hizo en 644/1243-4, pero tras una corta estancia desapareció otra vez, esta vez para siempre. Jalal al-Din estuvo buscándolo durante dos años y fue él mismo a Damasco, pero de nada sirvió. Shams al-Din había desaparecido dejando a Rumi con el shams, el sol de la gnosis, que lucía en el centro de su corazón. 

El resto de la vida de Jalal al-Din, desde 647/1249-50 hasta 672/1273 comprendió el periodo de expansión del sufismo y la ciencias esotéricas en éste presentes. Formó a numerosos discípulos, algunos de los cuales llegaron a ser guías espirituales ellos mismo, como Salah al-Din Zarkub, Qunyawi y Husam al-Din Chalabi. El primero era un simple orfebre pero con un nivel espiritual elevado que falleció en 657/1254 y fue enterrado con acompañamiento de música sufi por expresa voluntad. El segundo era de Urmia, hijo de un maestro de una de las órdenes de caballería (futuwwah).

En el Matbnawi, Husam al-Din tuvo para Rumi el papel que Shams había tenido en el Diwán. Del mismo modo que Shams fue la causa externa para la composición del Diwán-i Shams-i Tabrizi, que llevan su nombre, Husam al-Din fue el polo que atrajo y dio vida a la inmensa rapsodia de poesía mística que es el Mathnawi.

En el mes de Jumada’I-ukhra de 672/diciembre 1273, Jalal al-Din enfermó. Sabía que la hora con encuentro con el Amado se acercaba, momento que para él no podía ser sino el más feliz de su vida. Predijo su propia muerte y compuso el famoso ghazal que empieza con este verso:

¿Cómo sabéis qué clase de rey me acompaña en mi interior? No lancéis vuestra mirada sobre mijaz dorada, pues mis piernas son de hierro.

Murió el 5 de Jumada’I-ukhra de 672/16 de diciembre de 1273 en un estado de alegría y paz, rodeado por su progenie espiritual, que también incluía a su familia más cercana. Sadr al-Din Qunyawi, el otro gran maestro del sufismo de Qonya por aquel entonces, leyó la plegaria de los muertos ante el cuerpo y los restos terrenales del mayor poeta sufi en lengua persa, que pasó al reposo eterno en Qonya . Su tumba sigue siendo uno de los destinos de peregrinaje más importantes del mundo islámico, un segundo Ka’ba para los sufis y el centro espiritual de Turquia.


Seyyed Mohammad Damadi
Universitat de Barcelona / Universidad de Teherán
Extraido : Asociacion Española de Orientalistas, XXXVIII (2002) 199-208

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Notas:

1) Para una relación de la vida de Rumi ver B. Forouzanfar, Risálah dar tahqiq ahwál wa zindigi-yi Matwaláná Jalál al-Din Muhammad mashhur bi Mawlawi. Theran 1315 (Año Hégira solar); Aflaki, Manáqib al-árifin, editado por T. Yazici, 2 vols., Ankara, 1959-61. (trad. Por C. Huart como Les saints des derviches-tourneurs, París, 2 vols., 1918-22); J.Horna’i, introducción a su Taffir Mat/maw¡-y¡ Mawlani. Dástán-i qaj’ah-y¡ dhát al-suwar yá dizh-i hush-rubá. Tebran. 1349; H.Ritter, “Philologika XI: Maulana Galaladdin Rumi und sein Kreis”. Der Islam. 1940, pp. 116-58 y 1942, pp. 221-49; introducción de R.A.Nicholson, a su edición y traducción del Matbnawi, Londres, 1925-40; M. Harry, Djelale DdÍne Roumi, poéte et danseur mystique. París, 1947; y E. Meyerovitch, Mystique et poésie en Islam: Djalál-ud-D¡ Rumi et Pordre des derviches tourneurs,París, 1972.
2) Numerosas fuentes tradicionales mencionan que Rumi descendía de Abu Bakr, el primer califa, por parte de padre y de la familia real de los khwárazmshahids por parte de madre.
3) Dawlatshah, Tadhk¡rah, Leiden, 1901, p. 193. También citado en Forouzanfar, Op. Cit., p.17.
4) Algunas fuentes han hablado del encuentro entre Rumi y lbn Arabi, quien también vivió y murió en Damasco. Sin embargo, esto no es tan fácil de justificar históricamente. No hay duda de que estas dos destacadas figuras del sufismo ciertamente “se conocieron” en el mundo invisible (‘álam al-ghayb), aunque nunca se coincidieran en carne y hueso. La relación entre lbn arabi y Rumi es compleja y merece un estudio profundo y extenso.
5) Ver S.H. Nasr, “Rumi and the Sufi Tradition”.
6) Respecto a Shams, ver Forouzanfar, op. cit., capítulo 3; también la introducción de Ahmad Khushniwis a su propia edición del Maqálát. Tehran, 1349 (A.H. Solar).

lunes, 4 de noviembre de 2013

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OBRA

Los escritos de Rumi son únicos en los anales de la literatura persa no sólo por su calidad sino también por la inmensa riqueza que poseen. Él es una cumbre que todavía no ha sido superada, un mar al que muchos ríos fluyeron y que él mismo fue fuente de innumerables afluentes.

Sus obras reflejan casi todos las obras anteriores de maestros islámicos, desde los comentarios coránicos a los tratados sufistas del Sana’î, Attar e lbn’Arabi. Y sus escritos han encontrado infinitud de ecos en trabajos escritos desde Bengal hasta la Turquía actual durante los siete siglos que han transcurrido desde su muerte.

La más voluminosa obra de Rumi es Diwan-i shams-i Tabrizi, que consiste en unos treinta y seis mil versos, en la mayoría de cuyos gaza1s Rumi usa el nombre de Shams alDin al final en lugar del suyo propio, como si Shums los hubiera escrito. Este hecho muestra la tan especial relación que existió entre ambos hombres y el papel que Shams tuvo en la composición de su vasta obra. La mayoría de estos versos fueron escritos en un estado de éxtasis y tienen una calidad musical y rítmica única en la literatura persa. La danza y música del orden Mawlawi se encuentra de algún modo representada en estos versos de poder extático sin igual. El significado domina tanto sobre la forma que en muchos casos los gaza1s rompen las leyes de la prosodia y la métrica tradicionales. Es un ejemplo de cómo el espíritu remoldea su forma material y dando aliento a una nueva vida en el orden formal, creando así una nueva forma artística, aunque totalmente tradicional, en contraste con los casos de aquellos que hoy en día rompen las formas tradicionales desde su base, sin tener accesos al espíritu creador de vida que por sí sólo puede rehacer y resucitar las formas.

El Diwán ha sido célebre a lo largo y ancho de los países orientales del Islam desde que fue compuesto, y se imprimieron varias ediciones en litografía en India y Persia antes de que su edición crítica pareciera bajo la tutela de B.Forouzanfar en diez volúmenes en Teherán(1). También se conoce en parte en el oeste gracias a las selecciones que han sido traducidas por Nicholson y Arberry(2). Sin embargo, la gran mayoría de sus vastas riquezas continúan siendo inaccesibles a los que no saben persa y persiste la necesidad de traducirlo todo al inglés. Pero los aspectos musicales y alquímicos de la sinfonía no podrán ser traducidos nunca. Junto con el Diwán de Hafiz, el Diwán-i Shams es quizá la obra que menos se deja traducir, desde el punto de vista de la orquestación de las palabras y la armonía de sonidos y el efecto que su propio recitar suscita en el alma de un hablante de persa.

La obra más famosa de Rumi es, sin duda alguna, el Mathnawi, el “Corán de la lengua persa”, tal y como Jami lo llamó, que es ciertamente un vasto comentario esotérico sobre el Corán y que fue compuesto por petición de Husam al-Din Chalabi, quien pidió al maestro que escribiera una obra sobre los misterios de la gnosis según el modelo del Hadîkah de Sana’î o el Manfiq al-tayr de Attar. El Mathnawi es tan célebre que, aunque este término en realidad se refiere a cualquier poema con rimas en pareado, ha llegado a identificarse con el Mathnawi de Jalal al-Din Rumi. Esta obra maestra sin par del sufismo es más didáctica que el Diwán. Tiene un preludio en Árabe o Persa en cada volumen, en el primero de los cuales el autor llama a su obra “los principios de los principios de los principios de la religión”, seguido de seis volúmenes de poemas en persa. Fue empezado entre 657/1259 y 660/1262-3 y su composición continuó casi hasta el final de la vida de Rumi. De hecho nunca fue acabado. Algunos han hablado del séptimo libro del Mathnawi e incluso han intentado “completar” la obra con un séptimo tomo, pero la obra original del maestro son sin duda alguna los seis volúmenes, que han sido publicados innumerables veces en Persia, India y Turquía, siendo la versión más crítica hasta nuestros días la propuesta por Nicholson en su monumental texto de ocho volúmenes, con la traducción y comentarios sobre la obra (3).

En casi veintiséis mil versos de poesía, en el Mathnawi Rumi desentraña el vasto océano del mundo del espíritu y el viaje del hombre hacia y a través de ese mundo. Tomando simples historias y cuentos de la historia sagrada, escritos sufies tempranos, los discursos de sus antecesores, vidas de santos y referencias de muchas otras fuentes, Rumi discute prácticamente casi todos los aspectos de la metafísica Islámica, la cosmología y la psicología tradicional. Oscilando entre los puntos de vista doctrinales e iniciáticos, entre ambos hay una presentación objetiva de la verdad y la presentación de los aspectos subjetivos e operativos involucrados en el logro de la verdad. Pocas son las obras místicas en cualquier lengua que combinan tal maestría de metafísica pura con una mirada hacia el interior de la intrincada estructura del alma humana y los riesgos que acechan al hombre que despierta, a través de la iniciación, a sus propias posibilidades espirituales y empieza el viaje hacia el único.

El Mathnawi también es conocido en occidente, gracias sobre todo a los infatigables esfuerzos de Nicholson, que hizo posible el texto completo en inglés y también presentó selecciones del texto en una forma muy leíble(4). Los estudiosos del Mathnawi también están en deuda con Arberry por sus traducciones magistrales de las historias del libro en una prosa lúcida(5) y también por sus otros estudios del texto.

El Mathnawi ha recibido una atención constante desde que fue escrito. Nacieron varias formas musicales especiales en Sindh, Persia, Turquía y otras regiones por el simple hecho de cantar el Mathnawi y se han escrito numerosos ensayos comentándolo en persa, turco, árabe y otras de las lenguas de subcontinente Indopaquistaní. Algunos de los más famosos de estos comentarios incluyen el de Ahmad Rumi, el Jawáhir al-asrár de Kamal al-Din Khwardzmi, Asrár al-ghuyúb de Khwajah Ayyub y el comentario de Abdal-Ali Muhammad conocido como Bahr al-ulum, todos en persa; Fátih al-abyát de Isma’iI Anqurawi en turco y al-Minhaj al-qawiy de Yusuf ibn Ahmad Rumi en árabe. También existen comentarios en Sindhi, Urdu y diversas lenguas más. Además, todavía hoy en día se escribe sobre la obra, tal y como demuestran las recientes obras persas de J.Homa’i, B. Forouzanfar y M.T.Ja’fari (6).

La tercera obra poética de Rumi es el Rubaiyát, cuya edición de Estambul de 1312 (A-H-lunar) consiste en 3318 versos, la mayoría de los cuales son probablemente de Rumi(7). Algunos de estos cuartetos son obras maestras a la par de los poderosos versos del Diwán y Mathnawi, pero en general el Rubá’iyyát nunca se ha ganado la fama de las otras dos obras maestras poéticas de Rumi. Esta obra también fue dada a conocer al mundo anglosajón gracias a la traducción de una selección realizada por A. J. Arberry (8)

De las obras en prosa de Rumi sin duda la más importante la más importante es Fihi má fihi, una obra única que refleja los discursos más íntimos de Rumi sobre varios aspectos de la vida espiritual, reunidas de sus “charlas de sobremesa” durante los encuentros Sufies de su hijo y otros discípulos. Esta obra, cuya edición crítica apareció por vez primera por B. Forouzanfar(9) y que ahora es bien conocida en occidente gracias a la traducción de fragmentos seleccionados hecha por A.J.Arberry(10), discute con candor y de modo íntimo y directo muchos de los aspectos sutiles del sufismo. Es un companero precioso como guía práctica para “el Carnino”, y revela facetas de la personalidad de Rumi no tan directamente reflejadas en sus obras poéticas.

Muy relacionado en cuanto a contenido al Rhi máfihi es el Makátib o colección de cartas que Rumi escribió a sus más allegados como Salah al-Din Zarkub y su propia nuera(11). Las cartas, como los discursos del Rhi máfihi, revelan los aspectos más personales e íntimos de la vida del maestro, mientras que contienen a la vez pasajes doctrinales e instrucciones en cuanto a los aspectos más prácticos del “Camino”.

Finalmente debemos mencionar el Majális-i sabab, otra obra en prosa que consiste en una variedad de los sermones y clases de Rumi desde el púlpito(12). Suele tratarse de consejos y recomendaciones y reflejan en su estilo el entorno en que fueron pronunciados.

Estas obras son el legado literario del “Maestro de Rum”. Complementan la transmisión oral y la gracia particular o barakah que emergía de Rumi y que resultó en la fundación del orden Mawlawi, que extendió vastamente la orden sufi, que ha sobrevivido hasta hoy. Jalal al-Din ha permanecido con vida a través de sus obras y orden hasta nuestros días, y su espíritu sigue resucitando a aquellos capaces de seguir la vida espiritual y, desde un punto de vista más popular, intensificando el fervor religioso de los musulmanes que viven en la fe. También se dice que Rumi es uno de los pocos santos Sufies que, incluso tras su propia muerte, “misteriosamente” ha podido seguir guiando espiritualmente a algunas personas. En cualquier caso, sus obras y su espíritu están tan vivos hoy en día como lo estaban hace ocho siglos, cuando abandonó la cárcel de la vida terrenal. Y su mensaje, que proviene del mundo del Espíritu, viene tan a propósito hoy en día como cuando fue dicho por primera vez, pues sus palabras vienen de un mundo que ni perece ni se marchita, que es antiguo y joven y joven y antiguo a la vez, un mundo que abraza al hombre en su viaje de la eternidad a la eternidad.


Seyyed Mohammad Damadi
Universitat de Barcelona / Universidad de Teherán
Extraido : Asociacion Española de Orientalistas, XXXVIII (2002) 199-208
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Notas:

1.- Ver Rumi, Kulliyyát4 Shams, ed. Por B. Forouzanfr, Tehran, 10 vols. 1336-46, los siete primeros volúmenes del cual contienen el Diwán.
2.- Ver R.A. Nicholson, Selected Poemsfrom the Divani Shamsi Tabriz, Cambridge, 1898, y A.J. Arberry, Mystical Poems of Rumi, Chicago, 1968.
3.- Ver R.A. Nicholson, The Matwhnawi, Londres, 1925-40. Las ediciones de Tehran de ‘Ala’al-dawlah y del Kulala-yi Khawar son también valiosas y de confianza, aunque no en el nivel de exactitud de la edición de Nicholson. Aún así, queda sitio para una nueva edición crítica que corrija algunas de las lecturas inexactas de Nicholson.
14.- Ver R.A. Nicholson, Rumi, Poet and Mystic. Antes de Nicholson, otros académicos británicos como Sir Williams Jones, E.H. Whinfield, J. Redhouse y C.E. Wilson habían traducido varias partes del Mathnawi al inglés. Ver sobre todo Whinfield, Masnavi i ma’nav¡, Londres, 1898.
5.- Ver A.J. Arberry, Tales From the Masnavi, y More Tales from the Masnavi, Londres, 1968.
6.- Ver Horna’i, Ta/sir-i mathnawi-yi Mawlavi: 13.Forouzanfar. Sharh-¡ mathnavi-yi, shariff 3 vols., Theran, 1346-8; y M.T.Ja’fari, Ta/sir wa naqd wa taMÍ14 mathnawi-yi Jalál alDin Balkhi. Tehran, 1349. Referente a los comentaristas del Mathnawi ver A.Hakimiyyan, “Sharihan wa muqaIlidan-i Mathnawi-yi ma’nawi” Nigin, vol.9, no. 105, Bahman, 1353 (A.H. Solar), pp. 41 ff.
7.- El Rubá’iyyát de Rumi también fue editado por B. Forouzanfar en sus KulliYYát4 Shams, vol.8. En esta edición hay 3966 versos.
8.- Arberry, The Rubá’¡yát ofJalál al-Din Rumi, Londres 1949.
9.- Fihi máfihi, ed. Por B. Forouzanfar, Tehran, 1330.
10.- A.J.Arberry, Discouses of Rumi, Londres, 1961.
11.- Ed. Por H. Ahmed Rernzi Akyurek y publicado por M. Nafiz Uz1uk, Istambul, 1937.
12.- El texto del Majáfis aparece al comienzo de la edición Kulala-yi Khawar del Mathnawi, Theran, 1315-1319 (A.H. Solar). El texto fue editado originariamente por H. Ahmed Rernzi Akyurek y publicado por M. Nafiz Uzluk, Istaribul, 1937.

viernes, 27 de septiembre de 2013

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Gurju Hatun , la hija de un sultán selyúcida y discípula de Rumi, envió a Ayn al-Dawlah, el famoso pintor y muralista del palacio, a pintar el retrato de Rumi en secreto y llevarse de vuelta a ella. El pintor de alguna manera no intencional le dijo tal situación a Rumi. Con una sonrisa en su rostro, Rumi dijo: "¡Haz, si puedes, lo que te dijeron!"

El pintor comenzó a pintar. Sin embargo, al final se dio cuenta que la imagen que había estado dibujando no tenía nada que ver con la persona frente a él y reinicio su pintura. Asi, intentando pintar el retrato de Rumi, perdió más de veinte pedazos de papel.

Por último, se dio cuenta de que no era capaz de hacerlo y dejo de intentarlo. [1]
Este incidente despertó el corazón del pintor. Se perdió en profundos pensamientos con asombro, temor y temblor, lo que lo llevo a ser un viajero de su propio universo. Al final, el pintor, que vio al Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones sean con el) en la ventana que se abrió en su corazón, pronunció las siguientes palabras: "Si un Awliya de la religión es así, me pregunto cómo sería el Profeta"

Osman Nuri Topbaş Efendi (que Allah lo proteja)
 Fuente: From the examplart manners of the Friends of Allah


Notas:

1] Estos dibujos se encuentran todavía en el Museo Mawlana.

sábado, 15 de junio de 2013

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Los últimos momentos en la vida de Mawlânâ Jalâl ad-Din Rûmî y la inmensa emoción que sintió al  ver tan próxima su anhelada unión con el Amado, nos han sido transmitidos por su discípulo Husâmaddin Chelebi:

“Un día, el Shaij Sadreddin con un grupo de sus discípulos fue a visitar a Mawlânâ que yacía muy enfermo en su lecho. Se entristecieron grandemente cuando vieron a Mawlânâ en un estado de suprema gravedad. Shaij Sadreddin le djo: “¡Que Allah te ayude a recuperarte lo antes posible! Espero que pronto estés totalmente recobrado.” Al oír aquellas palabras, Mawlânâ dijo: “¡Que Allah te bendiga con la salud! Ya no queda sino una distancia muy corta entre el amante y el Amado. ¿No te parece mejor que esa corta distancia desaparezca y la luz pueda reunirse con la luz?”(1)
 
Contrariamente a la mayoría de la gente, Rûmî nunca sintió la muerte como algo a lo que hay que temer; antes bien, siempre la percibió como aquello que nos saca de una tierra extraña. La muerte era para él la oportunidad de reunirse con el Uno, Allah Todopoderoso.
 
En una ocasión, Rûmî explicó su actitud ante la muerte:

“No digáis que estoy muerto cuando muera, pues ya lo estaba antes de morir. He resucitado con la muerte. Un Compañero ha venido y se me ha llevado con Él…”
 
Esta es la razón por la cual Rûmî llamó shab-i arûs (noche de bodas) al momento de abandonar este mundo.

Fuente: El Último Aliento, Osman Nuri Topbas Efendi


Notas:
1) Ver Ebu’l Hasan en-Nedevi, Islam Onderleri Tarihi, vol. I, 449.

sábado, 20 de abril de 2013

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Después de que Burhan al-Din Tirmizi falleciese, Rumi empezó a dar clases y a instruir estudiantes en la madraza de Konya. Había recibido de su padre, el «Rey de los Eruditos» sus primeras lecciones. Por una parte, Rumi daba clases en la madraza, mantenía conversaciones con aquellos que buscaban la verdad y contestaba a sus preguntas; por otra, guiaba a los enamorados de Dios y les advertía y aconsejaba.

De este modo, como su padre, Rumi se convirtió en el sultán de los eruditos de las ciencias religiosas y también en el sultán de los gnósticos en el campo del sufismo. El pueblo admiraba mucho a Rumi. El sultán, los notables y todos los súbditos, la población en general, le conocían como un musulmán notable, un insan al-kamil debido a su devoción en el acto de venerar, su dedicación al ayuno y al rezo, sus virtudes, su humanidad, su amabilidad, su modestia a pesar de su gran conocimiento, su abstinencia del mundo, su servicio en el camino de Muhammad al igual que su padre y su vida inmaculada libre de toda impureza.

Fue en aquella época cuando ocurrió un acontecimiento que cambió la vida de Rumi. Shams al-Din de Tabriz llegó a Konya. Esta humilde persona, Shams de Tabriz, extasió a Rumi, al gran erudito ocupado con sus clases, al prudente gran sufí y al guía espiritual. Hizo de él un ardiente enamorado de Dios.

¿Quién era este Shams al-Din de Tabriz que produjo tal cambio en la vida de Rumi? Aflaki relata por escrito que el padre de Sham al-Din era Ali, el hijo de Malikdad. Ya que nació en Tabriz, podía haber tenido ascendencia turca azeri. Está claro por el Maqalat que era una persona culta y que dominaba las ciencias de su tiempo. Puesto que nunca estuvo en un lugar durante mucho tiempo y viajó a numerosos sitios, se le apodó Shams-i Perende (Shams, «el volador»). También se le nombró Kamil-i Tabrizi («El perfecto de Tabriz»), ya que era un hombre perfecto. Aunque era un gran santo, escondió su persona y sus milagros de la gente. Vivió en ciudades de manera anónima y cuando llegaba a ser conocido abandonaba dicha ciudad. Durante sus viajes, nunca se hallaba en los «dergah» (o residencias de derviches) o en sus madrazas. Se alojaba en posadas cerrando su puerta a cal y canto, no tenía dentro de la habitación nada a excepción de una estera para dormir. Vestía como un comerciante cualquiera, nunca llevaba puesta la vestidura suntuosa de los sheijs. Sipehsalar Faridun Ahmad (fallecido en 1284) le describe como aquél que ha alcanzado la gloria de la proximidad de Dios mientras estaba vivo: el sultán de los santos, el polo de los gnósticos, el heredero de los profetas, la corona de aquellos que aman a Dios y escribe que Rumi era un insan al-kamil, poseedor de clarividencia y estados espirituales. Shams se asemejaba a Moisés en su conexión cercana con Dios y era como Jesús, en su modo de vida solitario y en retiro, la paz sea con ellos.22 Si no hubiera poseído estos atributos, ¿cómo podría haber entablado amistad con Rumi? ¿Cómo podrían estos dos santos, enamorados de Dios, haberse unido como se unen dos mares? En su Ibtidaname, Sultán Valad compara el encuentro de Shams con Rumi con el encuentro de Moisés con el Jidr. Como se sabe, aunque Moisés era un profeta que obtuvo la estación de kalim Allah (alguien que ha hablado con Dios), admiraba a los enamorados de Dios y los buscaba. Del mismo modo, aunque Rumi había alcanzado el escalafón más alto como educador en las madrazas y guía espiritual, todavía admiraba y quería a los enamorados de Dios. En contra de lo que piensan algunos, no estaba buscando un guía espiritual. Había sido educado con el conocimiento y la gnosis de un padre incomparable, Sultán al-Ulama, y se convirtió en un guía espiritual pasando por los niveles del viaje espiritual bajo la guía del más grande guía espiritual, Burhan al-Din Tirmizi.

Shams era también una gran personalidad, amaba a Dios como Rumi así lo hacía, había viajado a muchos sitios y había conocido a un gran número de eruditos y sheijs, y en sus propias palabras, no fue capaz de encontrar lo que estaba buscando en ninguno de ellos. Nadie pudo entender realmente su estado espiritual. Nadie pudo entender la verdad de sus secretos. Rumi había logrado alcanzar los niveles de la perfección, se había asentado en Konya, se había convertido en maestro y en guía espiritual a los cincuenta años de edad. No precisaba ya dirigirse a otros lugares de conocimiento. Shams, sin embargo, tenía más de sesenta años y aún se hallaba de viaje, buscando un guía espiritual, todavía incapaz de establecerse en ningún sitio.

En su libro Maqalat, Shams escribe: «Abandoné Tabriz para encontrar un guía espiritual, dejé la ciudad pero no pude encontrar a dicho guía espiritual. El Universo no está vacío, así pues, debe haber un maestro espiritual en algún sitio... Tuve un sheij en Tabriz, cuyo nombre era Abu Bakr. Hacía cestas y se ganaba la vida con ello. Me favorecí en gran medida de él. Pero tenía algo dentro de mí que mi sheij no apreció. En realidad, nadie podía verlo».

No sabemos con seguridad a qué orden sufí pertenecía Shams. Según algunos eruditos, estaba al servicio de Baba Kamal, uno de los discípulos del gran santo Najm al-Din Kubra —y asimismo guía espiritual de Sultán al-Ulama— que falleció en condición de mártir mientras luchaba contra los mongoles. Otros dicen que se hallaba integrado en los Ahbariyya de la rama Jalwati. Sin embargo, como ha sido mencionado anteriormente, Shams indica por sí mismo que era un derviche del sheij Abu Bakr de Tabriz. En realidad, Shams no era la clase de derviche que se quedara con un fabricante de cestas que no podía apreciar lo que había en su interior y que presumía de ser un sheij. Confiesa: «Le dejé y lo sintió mucho». Quién sabe, podría haber confrontado a su sheij con sus errores y le dejó, nadie lo sabe con seguridad. Shams no podía contemplar nada en un sheij que no pudiese apreciar nada en él.

En aquellos días Shams era incapaz de encontrar lo que estaba buscando en los sheijs famosos que encontró en diferentes sitios, a los que conoció y a cuyas clases atendió. Fue incapaz de servirles. Estaba buscando el guía espiritual perfecto. En su mente, tenía la imagen de un sheij puro, intachable que viviese como un Compañero del Profeta, íntegramente inmerso en el camino de Muhammad. Sin embargo, ya que apreció fallos en las personas que decían ser sheijs con las que se encontró, no pudo servirles. Se entristecía cuando no podía encontrar el modo islámico en aquellos que todo el mundo respetaba y cuyas manos besaban. Dijo en su Maqalat: «Ni siquiera fue ayer cuando abandonó el vientre de su madre y ya hoy señala: “Soy la verdad”. ¿Cómo puede alguien que ha nacido del vientre de tal o cual mujer decir que es la Verdad? La mayoría de estos sheijs son bandidos de la religión de Muhammad. Bloquean los caminos de la gente». Shams siempre estaba alejado de los sheijs que estaban buscando alcanzar cierto grado de ostentación y reputación y hasta que encontró a Rumi no se puso al servicio de ningún guía. Cuando Shams-i Tabriz conoció a Rumi, cuando vio la verdad en él, señaló: «Encontré lo que estaba buscando en mi Hudavendigar, Rumi» y se quedó en Konya.

Aflaki relata que antes de su encuentro en Konya, Rumi y Shams se habían conocido en Damasco. Escribe que en cierta ocasión, mientras Rumi estaba en el mercado, alguien vestido completamente de negro con un sombrero cónico besó la mano de Rumi y le dijo: «¡Oh juez de la realidad de los significados! ¡Encuéntrame! ¡Entiéndeme!» y luego desapareció en la multitud. Narra que este hombre era Shams. Shams llegó a Konya en la mañana de un sábado 23 de octubre de 1244. Como era su costumbre, fue directamente a una posada. Se dice que fue a la posada de los Pirinçciler («agricultores del arroz») o Þekerciler («productores de azúcar») y alquiló una habitación. También se dice que para que la gente pensase que era un comerciante rico, puso una cara cerradura en su puerta que costaba tres dinares y ataba la llave al final de su turbante dejándola colgar de su hombro. Sin embargo, no había nada en la habitación de Shams a excepción de una estera, una jarra rota y un ladrillo secado al sol que usaba como almohada. No hay información acerca de cuánto tiempo pasó en Konya antes de conocer a Rumi.

Los relatos de su encuentro con Rumi son numerosos. Según el relato de Aflaki, cierto día Rumi salía de la madraza «Ýplikçi» montando su burro, y acompañado de sus estudiantes y discípulos. En ese momento Shams al Din de Tabriz corrió hacia Rumi y tomó las riendas del burro. Sin embargo, Sipehsalar narra el encuentro de Rumi y Shams del modo siguiente: «Shams al Din de Tabriz llegó a Konya por la noche. Se dirigió a la posada Pirinçciler. Había un sofá decorado enfrente de la puerta de la posada. Normalmente los individuos de elevada posición se sentaban en ese sofá. Shams se sentó allí por la mañana. Para Rumi estaba claro a través de la luz de santidad de la profecía que Shams había llegado. Saliendo de su feliz hogar, fue en esa dirección. En el camino, la gente intentó acercarse a él y mostrarle respeto. En ese momento la mirada de Rumi se encontró con la de Shams. Comprendió que la persona que se le predijo en su sueño era esta persona. No dijo nada. Mevlana Hudavendigar vino y se sentó en otro sofá enfrente de Shams. Durante cierto tiempo no se dijeron nada. Después empezaron a conversar:

Shams:—¿Es el profeta Muhammad mejor que Bayazid Bistami?

Rumi:—¿Qué clase de pregunta es esa? Por supuesto, el profeta Muhammad es mejor.

Shams:—Sí, pero Muhammad indica: «A veces mi corazón se cubre. Por lo tanto, setenta veces busco la ayuda de mi Señor y pido perdón» mientras que Bayazid señala: «No tengo nada que ver con los atributos imperfectos. ¡Qué acontecimiento tan importante es mi creación y apariencia!» y «no hay nada debajo del manto que llevo sino Dios». Y se considera superior. ¿Qué piensa de este asunto? ¿Qué opina?

Rumi: —Muhammad avanzaba setenta niveles cada día. Y cada vez que avanzaba a un nivel más elevado se avergonzaba de su estado en el nivel anterior y pedía perdón. Por otra parte, Bayazid se sorprendió de la grandeza que había alcanzado en el primer nivel. Se perdió a sí mismo y expresó estas palabras.

Tras esta conversación, Rumi y Shams dejaron los sofás, se saludaron y se abrazaron. Después, en la pequeña habitación de Yalal al-Din Zarqubi, tuvieron distintas conversaciones durante seis meses. En el libro Ibtidaname, Sultán Valad expresa la intimidad y admiración que existía entre ambos: «Cuando Rumi contempló el rostro de Shams, le fueron revelados los secretos. Vio cosas ocultas. Oyó cosas que nunca había oído de nadie. Era casi como si la sombra de Rumi hubiese desaparecido en la bendita luz de Shams».

En esta intimidad, en esta verdadera amistad, en este divino amor, uno no puede reclamar superioridad o enfatizar una diferencia diciendo quién va a ser el guía espiritual de esa o aquella persona o quién va a ser discípulo de tal o cuál individuo. Este pareado de Amir Jusraw Dahlavi describe la situación de los dos enamorados de Dios: «Me convertí en ti y tú te convertiste en mí. Me convertí en la carne y tú te convertiste en el alma. Después de esto nadie puede decir que estoy separado y que tú te hallas separado».El hecho que estos dos santos se encontraran, se amaran como verdaderos amigos de Dios y continuamente pasaran su tiempo juntos no fue bien recibido por aquellos a su alrededor. Los estudiantes de Rumi, sus discípulos, los notables, los imanes y hombres religiosos, e incluso miembros de su propia familia odiaban a Shams porque no podían ver ni sentir la verdad, el amor y el poder de la fe de Shams que tenía tanta influencia en Rumi.

La mujer de Rumi, Karra Hatun, narra que antes de la llegada de Shams, Rumi leía el libro Ma’arif, obra de su padre Baha al-Din Valad bajo la luz de una vela hasta el anochecer. Shams no sólo le apartó de la lectura del libro de su padre, sino que tampoco le permitió leer los poemas recopilados de al-Mutanabbi que tanto le gustaban a Rumi, o ningún otro libro. Esto se debía a que concedía suma importancia al conocimiento del corazón, a la Inspiración y la Atracción Divina pero no al conocimiento que iba a olvidarse, que iba a ser un problema para el hombre y que iba a inflamar el ego del hombre. El conocimiento del corazón no se aprende de los libros. Estaba convencido de que si un hombre viviese seis mil años, incluso si se le diese la vida de Noé multiplicada por seis, lo que obtuviese gracias al esfuerzo durante mil años no sería igual a la Inspiración Divina obtenida por medio de hallarse por un momento en unión con Dios. Shams adoptó como conversación fundamental la Atracción de Dios. Mantuvo que el conocimiento no era un objetivo en sí mismo sino un medio para que podamos percatarnos de nuestra incapacidad, de darnos cuenta de la verdad y comprender a Dios. Por lo tanto, separando a Rumi de las cosas que más quería, Shams estaba intentando llevar a Rumi incluso más cerca de Dios de lo que ya estaba.

Distrajo a Rumi de la devoción total de aquellos libros, que se pasaba la mayor parte de su tiempo leyendo en el vestíbulo dedicado a las reuniones de la madraza. Tampoco permitió que le viese todo el mundo. Sentándose delante de la puerta de la madraza, preguntaba a aquellos que venían a ver a Rumi, «¿Qué traes como regalo de súplicas y agradecimiento? Enséñamelo y te mostraré a Rumi». Cierto día cuando alguien se enfadó con este extraño hombre le preguntó: «¿Qué trajiste tú para que necesitásemos a su vez traer algo?», Shams dijo, «Me traje a mí mismo, sacrifiqué mi cabeza por su causa».

En Ibtidaname, Sultán Valad describe lo próximo que se hallaba Shams de Rumi y lo mucho que le influenció: «Cuando la gente contempló este vínculo, esta lealtad, este éxtasis y amor tuvieron envidia y empezaron a criticar. Algunos sheijs y cierta gente importante empezaron a rumorear sin tapujos: «¿Qué clase de hombre es este que ha cambiado tanto a Rumi? Mientras ninguno de nosotros aprecia nada bueno en Shams, ¿por qué Rumi le considera un hombre superior y le honra? No posee estado espiritual ni conocimiento. ¿Es posible que se le pueda nombrar como un hombre de la Gracia Divina y concluir que el ojo de su corazón se halla accesible?» Cuando Shams vio que las cosas se estaban descontrolando y que toda la población se estaba volviendo en su contra, desapareció de repente un día.

Tras quince meses y veinte días, Shams dejó Konya el 15 de febrero de 1246.
En Ibtidaname, Sultán Valad narra que Rumi estaba muy triste por la partida de Shams y que incluso no miró los rostros de aquellos que habían causado su partida. También indica que estas personas se arrepintieron de lo que habían hecho y Rumi les perdonó. Mientras Sultán Valad escribe que Shams fue directamente a Damasco, Sipehsalar cuenta que se desconoce adónde se dirigió Shams. Después de cierto tiempo, Shams envió una carta a Rumi desde Damasco y de esta forma se aclaró que Shams había viajado a dicha ciudad. Rumi contestó, aunque en aquellos días no había servicio postal como hoy en día, las cartas las llevaban mensajeros especiales y tardaban mucho tiempo. En el libro de Aflaki Manaqibul Arifin se pueden encontrar cuatro cartas de Rumi en verso para Shams. Cito a continuación algunos pareados de estas poéticas cartas como ejemplo de su conversación:

¡Oh luz de mi corazón, ven! ¡Oh propósito de mis luchas, ven! Sabes bien que nuestras vidas se hallan en tus manos. ¡No hagas la dulce vida difícil! ¡No atormentes a tus esclavos, ven! ¡Oh amor, oh amado, vence los obstáculos, abandona la tenacidad y ven! ¡Oh gran persona de mundo! Te envío mis saludos. Debes saber que mi salud y enfermedad están a tu discreción. Incluso si no estoy físicamente contigo y no estoy sirviéndote, mi espíritu y mi corazón se hallan sin duda contigo. ¡Que la vida de nuestro honorable maestro sea larga! ¡Que Dios sea su protector y sustentador! ¡Qué no haya personas sin amor y con corazones helados de piedra en su alegre y cálida asamblea llena de dulce y bella conversación!

Tras recibir una carta de Shams, Rumi llamó a Sultán Valad. Le suministró algo de dinero y le dijo: «Ve como mensajero. Extiende este dinero a sus pies y pídele un favor de mi parte. Aquellos que le trataron mal están arrepentidos. Permítele que nos haga un favor y que regrese». Sultán Valad aceptó con entusiasmo esta misión. También quería mucho a Shams. Había visto la grandeza de Shams y había entendido su verdad. Describiendo su viaje a Damasco, Sultán Valad relata: «Corrí sin cansarme, crucé las montañas sin considerarlas nada más que unos montones de heno. Las espinas del camino me parecieron rosas».

Aflaki escribe que Sultán Valad viajó junto a veinte personas. Encontraron a Shams en Damasco. Sultán Valad hizo lo que se le pidió. Colocó el dinero a los pies de Shams. Cuando Shams vio las monedas, sonrió y dijo: «¿Por qué Rumi, aquél de un carácter como el de Muhammad — la paz sea con él—, nos preocupa con dinero? Su petición es más que suficiente». Entonces aceptó volver a Konya. Sultán Valad y sus amigos estuvieron en Damasco unos días. Tuvieron lugar ceremonias sema— ceremonia giratoria de danza y meditación religiosa llevada a cabo por los derviches de la orden mevlevi— y descansaron para luego dirigirse a Konya con Shams.

Cuando la caravana de Damasco se acercó a Konya, Sultán Valad envió un mensajero a su padre. En el momento en que Rumi recibió las buenas nuevas, salió de la ciudad para darles la bienvenida junto con derviches, importantes funcionarios gubernamentales y sirvientes de Rumi. El 8 de mayo de 1247 Shams honró Konya una vez más. Cuando Shams vio a Rumi, descabalgó su montura y se abrazaron. Los dos mares de la realidad del significado se reunieron una vez más.


Cuando Shams regresó a Konya, sus adversarios en principio se hallaban arrepentidos de lo que habían hecho. De la misma manera que Rumi, Shams les perdonó a todos, Rumi y Shams, ambos por igual, poseían el carácter de Muhammad, la paz sea con él. Se conoce fehacientemente que el Profeta perdonó a aquellos que le arrojaron piedras en Taif, hiriéndole los pies. Rumi había ya perdonado a aquellos que habían obrado en contra de Shams y que habían extendido rumores sobre él antes de que Shams regresase. Shams hizo lo mismo.

Fue indulgente con aquellos que le maltrataron y les perdonó. ceremonias sema empezaron a organizarse y Rumi y Shams recibieron invitaciones de varias personas. Pero los días de alegría y entusiasmo con las ceremonias sema no duraron mucho. El rencor y el odio surgieron una vez más. Rumores en contra de Shams se propagaron de nuevo. Muy pronto a esto le sucedieron mentiras e instigaciones que se prolongaron sin control. Esta vez las provocaciones eran más intensas. En el relato de Sultán Valad, Shams no podía soportar los insultos y las amenazas y dijo: «Esta vez cuando me vaya, me iré de tal modo que nadie encontrará mi rastro. Desapareceré de tal manera que el tiempo pasará y ni el polvo de mi huella será encontrado. Dirán: “Definitivamente, un enemigo suyo debe haberle matado”». Shams había abandonado Damasco junto con Sultan Valad y sus amigos con esperanzas y gran anhelo, cruzando montañas y ríos. Ahora estos individuos inmaduros que envidiaban su devoción a Rumi y el respeto e intimidad de Rumi hacia él le estaban molestando continuamente. Ya que Shams era muy buena persona, hizo caso omiso a los ataques y las habladurías de los malintencionados que le envidiaban y no le hizo saber nada de ello a Rumi. La esposa de Shams, Kimia, a quien Shams quería muchísimo, murió poco después de su boda. No importa lo grande que una persona sea, Shams después de todo también era un ser humano. La muerte de su mujer por una parte y las habladurías por otra habían acabado con él. No tenía fuerza para enfrentarse a los insultos y las amenazas. Su vínculo con Rumi y la verdad que vio en él eran lo único que le mantenía con vida. Un jueves de diciembre de 1247, Shams desapareció.

Según Sipehsalar, la mañana que Shams desapareció, Rumi fue a la madraza y no pudiendo encontrarle se puso muy triste. Inmediatamente fue a la habitación donde Sultán Valad estaba durmiendo y le llamó para que saliese: «Baha al-Din, ¿por qué estás todavía durmiendo? Levántate y busca a tu sheij. A nuestros espíritus se les niega una vez más su agradable olor» Sin embargo, Aflaki relata dos diferentes relatos de la desaparición de Shams. Según el relato de Sultán Valad, cuando Shams y Rumi se hallaban sentados, alguien de fuera llamó a Shams. Shams dijo a Rumi: «Me están convocando a la muerte». Tras un breve silencio Rumi recitó el siguiente versículo del Corán: «¿En verdad son Suyas la creación y la orden? ¡Bendito sea Dios, Señor de todos los Mundos!». Al oír esto Shams salió fuera; siete personas que le estaban esperando escondidas, se abalanzaron sobre él y le martirizaron con cuchillos. Shams gritó y todos ellos se desmayaron. Cuando Rumi oyó el grito de Shams dijo: «Dios hace como Él quiere y juzga como Él quiere». Cuando los atacantes de Shams se recuperaron del desmayo, vieron unas pocas gotas de sangre en el suelo aunque Shams había desaparecido.

El segundo relato de Aflaki es el siguiente: Shams feneció como mártir y habían arrojado su cuerpo a un pozo. En cierta ocasión Shams apareció en el sueño de Sultán Valad y le enseñó el pozo en el que habían arrojado su cuerpo. Entonces fue con unos pocos amigos, sacó el cuerpo del pozo y lo enterró cerca de la madraza de Rumi próxima a la tumba de Emir Badr al-Din Govhartash, quien la había construido.

Bajo la luz de estos relatos decorados con fantasías, debemos preguntarnos si Shams desapareció tal y como había predicho: «Me marcharé de tal modo que nadie me encontrará». ¿Se fue en un viaje sin regreso o le martirizaron? Sólo Dios sabe la verdad. Cuando tenemos en cuenta los relatos de Aflaki, podemos llegar a esta conclusión: En el momento que Shams estaba con Rumi, alguien le llamó para que sa¬liese, pero nunca regresó y nunca se le vio después de esto. ¿Le raptaron aquellos que le llamaron? ¿Le mataron? ¿Le ayudaron a ir a un lugar fuera de Konya? ¿Se dirigió Shams a Damasco, adonde había marchado antes? Las respuestas no se saben con seguridad. La única cosa que conocemos a ciencia cierta es que Rumi desconocía por completo el martirio de Shams. ¿Mantuvieron esa tragedia en secreto a Rumi? ¿Ocurrió tal tragedia? ¿Como puede mantenerse la verdad en secreto a un gran santo? De la misma manera que se había percatado de la primera llegada de Shams en Konya con la luz divina de la santidad, como Sinpehsalar escribe, así como se dirigió a la posada «Pirinçciler» donde Shams se hospedaba y le encontró, sabría que Shams había sido martirizado y no iría dos veces a Damasco en su busca. Como escribe Abdulbaki Gölpýnarlý (fallecido en 1982), «El versículo del Corán que recitó Rumi, el grito de Shams, el desmayo de los asesinos y las pocas gotas de sangre en el suelo son componentes épicos que muestran cuál pensamiento místico está involucrado en este suceso».


Sefik Can
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¿Dónde encontrar a Mawlānā? Una visita a Konya muestra que la verdadera casa del maestro del amor Divino no es una ciudad, ni un país, ni ningún otro sitio sobre la tierra, sino los corazones de aquellos que están sedientos del vino del amor.

Ven y visita mi casa por algún tiempo
que la luz del Amor puede brillar
desde Konya a Samarcanda
y Bojārā por algún tiempo...

Así cantaba Mawlānā Rumi, profundamente absorto en su amor por Shams-e Tabrizi, en quién veía manifestarse el brillo de lo Divino y que le transportaba a los más elevados éxtasis de amor y de anonadamiento.